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Política internacional

Goodbye Lenin o Hello Putin?

Las 176 medidas anunciadas por La Habana son la enésima apertura económica sin reforma política. La pregunta no es si Cuba se vuelve capitalista, sino si muta hacia un autoritarismo oligárquico al estilo de Rusia o Bielorrusia.

Por Ernesto Sardiñas27 de junio de 202610 min de lectura

Lectura en profundidad

Durante los últimos días, titulares grandilocuentes han inundado los rotativos de medio mundo en referencia a las 176 medidas aprobadas por la cúpula de poder de la dictadura cubana. «Cuba approves sweeping market reforms», «Cuba se abre al capitalismo» son algunos de los titulares que vaticinan el fin del modelo estalinista del Partido Comunista. Frente a estos anuncios, muchos ya han dado por muerto al régimen cubano y esperan que Cuba se convierta en una democracia liberal de libre mercado en poco tiempo.

Ante tales conclusiones de muchos foráneos y algunos cubanos, me gustaría añadir algo de contexto a los cambios anunciados, para entender mejor lo que pasa con la mayor de las Antillas y lo que podría estar por venir.

Las olas anteriores: una historia de aperturas que no cambiaron nada

Debemos recordar que no es la primera vez que Cuba «abre» su economía y permite nuevas actividades en el sector privado con la participación de entidades de otros países. Luego de la caída del Bloque comunista de Europa del Este, en un contexto donde Cuba perdió gran parte de sus mercados de exportación e importación y un tercio de su PIB, la élite castrista permitió el desarrollo del sector turístico, con la participación de empresas de origen extranjero, así como una cierta lista de «trabajos por cuenta propia» enfocados en el sector servicios y de bajo alcance, como cafeterías y puestos de souvenirs en zonas turísticas del país. Muchas de las medidas propuestas en esa ola de reformas fueron revertidas o puestas en práctica de una manera mucho más conservadora respecto a cómo se plantearon originalmente.

En los años 2010 vinieron los «Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución». Entre muchas otras cosas se amplió el papel del «trabajo por cuenta propia», se habilitó más áreas para la inversión extranjera, se legalizaron las cooperativas no agropecuarias como forma de gestión económica en algunas áreas como el transporte, y se permitió luego de 60 años la compraventa de los autos y viviendas entre particulares, aunque no a escala comercial. Este proceso se vio coronado por el deshielo de la administración Obama, que vio en el «engagement» el enfoque adecuado para dar por finiquitado el totalitarismo cubano: creyeron inocentemente que mayor apertura y mayores relaciones económicas terminarían en una reforma política. Como sabemos, la represión y el carácter ilegal del disenso siguieron ahí. Los únicos cambios que, de forma contraproducente para el régimen, empoderaron a la sociedad civil fueron la generalización del internet y la facilitación de los viajes al extranjero con la Ley Migratoria de 2013.

Con la llegada de la pandemia y de la administración Trump, el modelo económico cubano —basado en el turismo y la exportación de servicios médicos en condiciones de esclavitud laboral— entró en crisis. Ante la escasez de divisas crónica, se abrieron tiendas en dólares para determinados productos como refrigeradores, motos eléctricas y aires acondicionados, produciendo de facto un apartheid económico entre los que tuvieran familiares o amigos en el exterior y los que no. Lo anterior se iría acrecentando con la sucesiva inauguración de tiendas en dólares para una creciente gama de productos y el cierre de las que facturaban en pesos cubanos en los siguientes años.

En enero de 2021 el régimen cubano puso en marcha una reforma monetaria, devaluando la moneda nacional, subiendo salarios y precios en el sector público (aún más hegemónico que hoy en día) para terminar con la segunda moneda que circulaba en aquel entonces: el Peso Convertible o CUC. Esto degeneró en una espiral inflacionaria que agudizó el malestar general. Dada la acuciante escasez de alimentos, medicinas y abastecimientos, junto a la crisis de la infraestructura que proveía de servicios básicos a la población —ya en el verano de 2021 los apagones comenzaban a formar parte rutinaria del día de los cubanos—, la situación terminó desembocando en el estallido social más agudo en la historia de la Revolución Cubana el 11 de julio de 2021. Luego de reprimir las protestas y abrir los aeropuertos como válvulas de escape para el descontento, el régimen puso en marcha la siguiente ola de «reformas». Esta vez legalizó las empresas privadas o MIPYMES. Los cubanos podrían por primera vez desde 1968 ser propietarios de un negocio de hasta 100 empleados en sectores definidos por el nuevo marco legal. Esta reforma se convirtió en una forma de blanquear el capital de muchos testaferros del castrismo, así como de burlar las sanciones estadounidenses. Se acrecentó una vez más la desigualdad en el paraíso de los obreros. Curiosamente, luego de las protestas también se levantaron las restricciones a las importaciones de alimentos y medicinas, demostrando una vez más la hipocresía de la narrativa oficialista del «bloqueo estadounidense».

Todos los cambios anteriores se produjeron sin tocar el entramado político. Se han beneficiado mayormente la élite castrista y un grupo muy reducido de cubanos —siempre que no sean contestatarios y que, por tanto, estén lejos de ser incómodos para el poder— con alguien en el exterior que les pudiera proveer de dólares suficientes para encajar en el nuevo modelo económico.

El detonante de 2026: el fin del subsidio venezolano

A pesar de todo lo anterior, la dictadura seguía ahí a comienzos de 2026, con un número creciente de presos políticos y aniversarios. Se empezaron a gestar las condiciones para un nuevo ciclo de reformas. Llegó el 3 de enero, y con ello el fin del Madurismo en Venezuela. Fuera de la verborrea ideológica y un par de gestos diplomáticos sin valor real, el interinato de los hermanos Rodríguez en Venezuela —la coalición civil-militar que sucedió a Maduro tras la salida del chavismo del poder— cerró la puerta en la cara a la antigua metrópolis ideológica del chavismo. Se terminaron 26 años de subsidios petroleros que fueron vitales para el castrismo, al tiempo que la administración Trump puso férreas restricciones para la importación de combustibles por parte de Cuba, solo permitiéndole a privados hacerlo con crudo proveniente de Estados Unidos, salvo la entrada de un buque ruso algunas semanas atrás.

Se puede añadir a esto la resolución aprobada por el Parlamento Europeo: el documento pide el fin del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con la Unión Europea, que desde su firma en 2016 proveía de fondos a la dictadura cubana —con pocas posibilidades de escrutar a qué se destina la financiación recibida— a cambio de vacías promesas de reformas en favor de los derechos humanos y las libertades políticas. También vale señalar que se hace un pedido para añadir a Miguel Díaz-Canel y otros dirigentes de GAESA, el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, al mecanismo de sanciones europeo por sus violaciones a los derechos humanos.

En esta situación cada vez más espinosa, con la constante presión del secretario Rubio hacia la puesta en marcha de cambios en pro de la democratización de Cuba —o al menos de la salida del régimen actual y la entrada de un interinato a la venezolana—, es que se anuncian las llamadas reformas pro mercado. Técnicamente, los diversos reportes no se equivocan al calificarlas como las más amplias de su tipo en la historia del régimen.

Qué dicen exactamente las 176 medidas

Este paquete abre la puerta a la existencia de banca privada, a la inversión extranjera en empresas privadas nacionales, permite la creación de empresas de más de 100 empleados y que un cubano pueda tener más de una empresa, así como la compraventa de activos inmobiliarios. Se abre la puerta a la autorización de importación y exportación por privados, y a la creación de agencias de viajes y renta de autos por particulares. También se puede mencionar la legalización de la entrada de cadenas de tiendas y comida extranjeras sin restricciones. Además, bajo este nuevo marco regulatorio podrían licitarse parques zoológicos y acuarios. Un cambio especialmente simbólico es el fin de la libreta de abastecimiento, sistema de reparto de alimentos y productos subsidiados en crónica decadencia desde el fin de la guerra fría.

Todas estas reformas, hechas apresuradamente cuando el entramado económico del régimen amenazaba con tambalearse, todas en dirección hacia una economía menos vertical y menos planificada, demuestran que el verdadero bloqueo, la verdadera razón de la miseria de los cubanos, reside en la dictadura del Partido Comunista, que impone a los cubanos condiciones de vida paupérrimas en defensa del honor de una ideología fallida, usando los recursos narrativos de la soberanía nacional y la «dignidad» enfocada en la defensa del sistema comunista por el contexto totalitario cubano.

Por qué esta apertura no traerá democracia (sino otro tipo de autoritarismo)

Al no ser esta la primera vez que el régimen deja de lado el dogma comunista para abrir la economía cubana ante la falta de ingresos, resulta ingenuo esperar un rotundo colapso de su estructura político-represiva, que sigue intacta en términos legales. La mayoría de los cubanos están de acuerdo en que esta es otra vez en que se cambia lo que haya que cambiar para que todo siga igual.

Al igual que las reformas de otros años, estas probablemente permitan el blanqueamiento de más riquezas a la élite castrista, la burla de las sanciones estadounidenses —que apuntan hacia entidades que son propiedad del Estado y el Ejército cubano y no al sector privado, ya que en el momento de su establecimiento Cuba tenía una economía bajo mayor control estatal— y la agudización de la desigualdad ya rampante en la Isla. La inexistencia de un entramado legal claro, ni de algo parecido a un estado de derecho que garantice el respeto a la propiedad, en una isla que justo el año pasado congeló cuentas bancarias a entidades extranjeras, indica la baja probabilidad de que estas reformas logren atraer ingresos o capital suficiente para hacer despegar la maltrecha economía cubana.

La diáspora cubana será aún más escéptica de la propuesta del régimen de depositar sus dólares en una economía donde ya una vez todo pasó a manos del Estado, mientras sus familiares carecen de los servicios públicos y las libertades políticas más básicas. Si no vienen acompañadas de reforma política, las reformas generales de mercado permitirán al régimen cubano mutar hacia un régimen oligárquico y autoritario similar a los existentes en Rusia y Bielorrusia, muy lejos de la democracia liberal con libre mercado que tantos parecen vislumbrar.

El cálculo de La Habana: comprar tiempo frente a Washington

Parece una lectura bastante certera reconocer estas medidas como una señal de que la dictadura cubana busca endulzar los ojos de la administración estadounidense, con el objetivo del fin del embargo petrolero, la derogación de las provisiones de la Ley Helms-Burton de 1996 —el cuerpo legal estadounidense que codificó el embargo y que congela cualquier flexibilización hasta que se celebren elecciones libres y se libere a los presos políticos en la Isla— y el cese de la presión por reformas más profundas y de tinte político.

Los comentarios recientes del Departamento de Estado calificando las reformas de «señales de humo superficiales», el claro involucramiento del Secretario de Estado Marco Rubio y las continuas protestas en numerosas zonas de la Isla luego del anuncio oficial hacen pensar que estas políticas no bastarán para librar al régimen de la presión por mayores cambios. Se le va a complicar también a la dictadura el levantamiento de sanciones debido a lo establecido en la misma Helms-Burton.

Conclusión

No se debe descartar la posibilidad de una ruptura interna o un nuevo estallido social, así como acciones militares por parte de los Estados Unidos. Los factores anteriores podrían cambiar el tablero de manera sensible. Será importante monitorear los próximos pasos de la cúpula castrista y la administración estadounidense, mientras el pueblo cubano sigue en las calles, dentro y fuera, pidiendo lo que realmente necesita la llave del Golfo de México: libertad.

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