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Centro de conferencias de la Unión Africana, en Adís Abeba (Etiopía). Foto: Andrew Moore, Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0).
Centro de conferencias de la Unión Africana, en Adís Abeba (Etiopía). Foto: Andrew Moore, Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0).
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Política internacional

De la xenofobia y el tribalismo en África: causas, consecuencias e impactos geopolíticos

El auge de la xenofobia y el tribalismo profundiza las fracturas entre pueblos unidos por su historia común. Un análisis de las causas, las consecuencias y los impactos geopolíticos de una deriva que compromete las ambiciones panafricanas.

Por Marie Flore Mboussi16 de junio de 20266 min de lectura

Sería manifiestamente incongruente hablar de dicotomía entre pueblos que comparten en común la colonización y la trata negrera; pero África está desafiando todas las teorías lógicas. El auge y la recrudescencia de la xenofobia y el tribalismo han creado una fractura real entre pueblos durante mucho tiempo unidos por su historia común.

Varias causas pueden explicar estos dos fenómenos antisociales: la crisis económica, con su corolario de desempleo; las fronteras heredadas de la colonización; el repliegue identitario y el nacionalismo; la manipulación política, así como los estereotipos.

Larga tiempo extendida en varios países, la xenofobia parece hoy encontrar su expresión más marcada en Sudáfrica. En efecto, desde hace años, nacionales africanos de distintas nacionalidades son violentados, asesinados y expulsados bajo el falaz pretexto de que ocuparían empleos que, por derecho, corresponderían a los nacionales. En varias ocasiones, las autoridades sudafricanas han condenado, sin duda, estas violencias. No obstante, la repetición de los ataques contra extranjeros y la ausencia de resultados duraderos en su prevención alimentan la sensación de una insuficiencia en la respuesta estatal ante este fenómeno. Ahora bien, Sudáfrica ha marcado especialmente al continente a través de su pasado trágico vinculado al apartheid y las luchas liberadoras encabezadas por Nelson Mandela en el seno del African National Congress (ANC).

De héroe a paria, Sudáfrica sufre progresivamente el rechazo de varios países africanos. Estos últimos han decidido, en efecto, responder ante una xenofobia que persiste a pesar de las múltiples denuncias. Así, varios artistas sudafricanos han visto cancelados sus conciertos en distintos países del continente, mientras que algunos nacionales sudafricanos también son objeto de rechazo en otros Estados africanos.

Junto a la xenofobia, el tribalismo constituye otra cara deforme de la difícil convivencia al interior de las naciones africanas. Concebido como el rechazo y el odio interétnicos, se manifiesta principalmente entre ciudadanos de un mismo país, entorpeciendo así la construcción nacional y el vivir-juntos. A semejanza de la xenofobia, se sustenta en justificaciones tan numerosas como irracionales. Pero el elemento más preocupante sigue siendo la manipulación de los poderes públicos. En efecto, el tribalismo suele encontrar su origen en la voluntad de conservar el poder y los privilegios de un grupo étnico e incluso de asegurar su dominación sobre los demás.

África extrae, sin embargo, su riqueza y singularidad de su diversidad cultural. No obstante, a lo largo de los años, esta diversidad parece percibirse más como una debilidad que como un activo. Ante esta situación, varios líderes de opinión convergen en la idea de una lengua nacional común, extraída de las lenguas locales, a semejanza del wolof en Senegal o del lingala en la República Democrática del Congo. Para sus partidarios, una política así podría contribuir a reforzar la cohesión nacional y atenuar las fracturas identitarias que atraviesan numerosas sociedades africanas.

No obstante, algunos países, como Camerún, enfrentan dificultades para dotarse de una lengua nacional común debido a la multiplicidad de etnias y, en consecuencia, a la diversidad de lenguas locales. Camerún cuenta, en efecto, con cerca de 280 lenguas nacionales.

Por otra parte, ¿bastaría con adoptar una sola lengua común para todos para atenuar el tribalismo? Seguramente no. Habría que arrancar de raíz, además, la fibra tribal de cada uno así como el apego excesivo a consideraciones étnicas en detrimento del interés nacional.

Sea como fuere, la xenofobia y el tribalismo se han convertido para África en verdaderas gangrenas sociopolíticas e incluso económicas, que fomentan el culto al odio y la brutalización de las relaciones entre africanos, considerados durante mucho tiempo descendientes de un mismo ancestro.

En el momento en que varios países africanos contemplan la supresión de visados para nacionales del continente con el fin de reforzar los lazos panafricanistas, conforme al ideal impulsado por Kwame Nkrumah, primer presidente de Ghana; Ahmed Sékou Touré, de Guinea; Patrice Lumumba, del Congo-Kinshasa; Julius Nyerere, de Tanzania; Cheikh Anta Diop y Léopold Sédar Senghor, de Senegal; o incluso Frantz Fanon, de Martinica, África parece, más que nunca, alejarse de ese ideal que, para muchos, sigue siendo un mito.

La impotencia manifiesta de la Unión Africana (UA) no hace sino reforzar a los xenófobos y tribalistas en sus designios, al dar la sensación de que estas derivas pueden prosperar sin una oposición institucional real.

Implicaciones geopolíticas

Conviene, pues, interrogarse sobre la implicación geopolítica de la xenofobia y el tribalismo. Estos dos fenómenos resultan tanto más preocupantes cuanto que surgen en un contexto en el que el continente intenta acelerar su integración política y económica. La Zona de Libre Comercio Continental Africana (ZLECAf), presentada como uno de los proyectos más ambiciosos de la Unión Africana, se basa precisamente en el fortalecimiento de los intercambios, la movilidad y la confianza entre los pueblos. Ahora bien, el auge de la xenofobia y el tribalismo amenaza con comprometer estas ambiciones al avivar divisiones y reflejos de repliegue identitario.

No cabe duda de que la xenofobia debilita las relaciones diplomáticas entre los distintos Estados africanos. Varios gobiernos se han visto, así, en la obligación de repatriar a sus nacionales para protegerlos de un peligro devenido inminente. De igual modo, el proteccionismo y el repliegue identitario contribuyen al endurecimiento de las políticas de visados, entorpecen el comercio internacional y frenan la cooperación transfronteriza.

Por otra parte, la inestabilidad que de ello se deriva, los desafíos vinculados a la seguridad humana —en particular los desplazados internos y los refugiados— así como la pérdida de credibilidad moral de los Estados xenófobos en materia de derechos humanos, constituyen otros tantos obstáculos para una cooperación armoniosa entre los Estados.

El tribalismo, por su parte, no tiene ciertamente un impacto tan global como la xenofobia, pero sigue siendo un freno para la integración. En efecto, varios inversores extranjeros dudan en invertir en un país profundamente dividido por rivalidades tribales. Favorece, entre otras cosas, la fragmentación de las sociedades, el surgimiento de conflictos armados internos, el debilitamiento de las instituciones republicanas en beneficio del nepotismo, así como el bloqueo de la integración regional.

Conclusión

África, a través de sus múltiples divisiones, tanto internas como continentales, demuestra una vez más su incapacidad para unirse y hacer frente a desafíos cruciales como la promoción de la paz, la construcción de una verdadera democracia, los retos socioeconómicos o incluso la libre circulación de personas y bienes. Sin embargo, el futuro del continente dependerá en gran medida de su capacidad para trascender los clivajes étnicos y nacionales que frenan su desarrollo. De no ser así, las ambiciones panafricanistas correrán el riesgo de quedar reducidas a simples eslóganes, mientras que los desafíos comunes a los que África se enfrenta seguirán exigiendo respuestas colectivas que aún tardan en emerger. Largo tiempo esperado entre las grandes potencias emergentes, el continente africano parece, sin embargo, hundirse en sus contradicciones, mientras que varios de sus Estados parecen, desgraciadamente, conformarse con un papel secundario en las relaciones de fuerza internacionales.

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