Índice
- ¿Qué es el oasis catalán?
- Ejemplos históricos del oasis catalán
- El nacimiento de la Catalunya industrial
- El particular caso del entreguerras catalán
- El oasis catalán visto como desarrollo del autogobierno
- Características comunes del oasis catalán
- El oasis catalán en la actualidad
- El futuro del oasis y las consecuencias de su pasado
Política internacional
El nuevo oasis catalán, o como la tormenta precede a la calma
Del pujolismo sociológico al procés y su resaca: recorrido por los tres grandes oasis catalanes de la historia reciente y por la nueva etapa de calma institucional que se abre en Catalunya tras la década perdida.
https://conciencia-democratica.vercel.app/articulos/nuevo-oasis-catalan-tormenta-calmaPor Víctor-Xavier Bigorra Lorenzo30 de julio de 202611 min de lectura
Lectura en profundidad
Como en otros casos conocidos en el mundo, la historia en Catalunya se muestra de manera cíclica, y nos inmersa en la actualidad en una nueva versión del viejo conocido "oasis catalán" cuyos efectos y consecuencias aún están por ver.
Cualquiera que haya cursado sus estudios primarios, secundarios y postobligatorios bajo el sistema educativo catalán o, en su defecto, se haya interesado por la historia de Catalunya de los últimos 3 siglos, estará familiarizado con el concepto del "oasis catalán". Como su nombre indica, un oasis hace referencia a una zona fértil aislada, en medio de un desierto, que, a diferencia de su entorno, posee agua potable y, por lo tanto, ofrece a quienes se acerquen la posibilidad de sobrevivir. A pesar de los famosos volcanes de La Garrotxa y de las áridas tierras del Fangar del Delta de l'Ebre, Catalunya no es una tierra especialmente conocida por sus zonas desérticas, por lo que podemos descartar ese significado directo para el concepto del oasis catalán.
¿Qué es el oasis catalán?
El oasis catalán, en el contexto de la pertenencia de Catalunya a España, hace referencia a un juego de contrastes políticos entre las actividades de la segunda, a menudo personalizadas y acumuladas en la capital, y las actividades, o falta de ellas, de la primera. Su significación tiene que ver con el hecho de que, cuando la política española se torna convulsa, incomprensible o demasiado acelerada, Catalunya se erige como un remanso de paz, como una región discreta de la geografía ibérica a la que todo ese ajetreo parece no afectarle. Coloquialmente podríamos decir que, en ese escenario, Catalunya "va a lo suyo" sin molestar. Se entiende también como un contexto de progreso económico para la región catalana, aunque sus implicaciones sean más bien políticas.
Ejemplos históricos del oasis catalán
Podríamos destacar tres momentos históricos donde estas circunstancias se han dado en la historia reciente, con perdón de los historiadores que lean esto y a los que pido comprensión frente a las simplificaciones históricas que se van a dar.
El nacimiento de la Catalunya industrial
Durante el siglo XIX, Catalunya empieza a erigirse como una región industrializada de España, especializada en el algodón y en el impulso de su industria, así como del ferrocarril y los derechos laborales (mención honorífica requiere la vaga de la Canadenca del siguiente siglo). En paralelo, España se encuentra inmersa en un proceso de introspección, de búsqueda de su identidad política y social. Un turnismo que no termina de cuajar, un primer intento de república caótico, una restauración monárquica apresurada. Si bien a principios de este siglo nos encontramos ante los inicios del catalanismo cultural y político, con las primeras obras de Almirall, también podemos situar aquí los inicios del concepto de oasis catalán.
El particular caso del entreguerras catalán
Un segundo caso relevante lo encontramos concretamente en 1936. Tras más de dos años de gobierno conservador durante la Segunda República que dejaron hechos como la revolución de Asturias o la proclamación del Estado Catalán, ambos en 1934, la liberación del gobierno catalán y la victoria del Frente Popular en las elecciones generales de 1936 dan lugar a una etapa final de la Segunda República a dos velocidades. Mientras en España el fascismo preparaba el caldo de cultivo de lo que sería el alzamiento nacional y la guerra civil, Catalunya, previo a la etapa del pistolerismo callejero entre anarquistas y comunistas, vivía su primer oasis catalán. El periodista Manuel Brunet acuñaba este término en La Veu Catalunya para describir el estado de aparente entendimiento y calma social que reinaba en Cataluya en contraste con el clima político español. Cierto o no, irónico o no, y siendo más o menos fiel a la realidad política, el oasis catalán se erigía como el germen del bien conocido "tarannà català": el catalán es una persona seria, trabajadora, que va a lo suyo, que quiere que su región progrese económicamente y que pone el mantenimiento del orden social como una prioridad.
El oasis catalán visto como desarrollo del autogobierno
Finalmente, nos encontramos con el último gran ejemplo del oasis catalán. Durante los años 80, y tras la restauración de la Generalitat de Catalunya como institución política, en medio de un clima protogolpista azuzado por la nostalgia de los cuarteles, el ruido de los sables y la operación Galaxia, que posteriormente se sustentaría en el golpe de estado del 23F, Catalunya vivía su particular versión del oasis catalán de la mano del pujolismo sociológico y del reagrupamiento político socialista. Es en este contexto en el que también surge la idea catalana del voto dual, esa extensión del tarannà catalán consistente en que el ciudadano vota en los diferentes niveles de la administración en función de su conveniencia, y no de manera fiel y unívoca. Y ambos conceptos van unidos si nos atenemos a los resultados electorales de esa época.
La discreta victoria de Jordi Pujol en las elecciones catalanas de 1980, con el 27,83% de los votos, precede a más de dos décadas de dominio convergent en el Parlament de Catalunya, con sucesivas victorias de Convergència i Unió en las elecciones de 1984, 1988, 1992 y 1995 sin bajar del 40% de los votos, las tres primeras con mayoría absoluta. Este período de estabilidad da lugar al conocido como pujolismo sociológico que, en su intento por representar en exclusiva a Catalunya, tanto dentro como fuera, logra mimetizarse con el mencionado tarannà català y establecer la idea del catalán moderno. La idea de una sociedad catalana que ha de convivir en España por conveniencia propia, condicionando la gobernabilidad del estado a sus propios intereses, entendiendo que ambos deben estorbarse mutuamente lo mínimo posible, y que se materializa en Pujol apoyando primero a Felipe González en 1993 y luego a José María Aznar en 1996 a cambio de concesiones para Catalunya. Esa Catalunya que en 1987 acuñaba el lema "som 6 milions", y que posteriormente pasarían a ser 8, sentaba las bases de lo que podía suponer la idea moderna del concepto de nación y de estado dentro del estado, concebida como el desarrollo del autogobierno en el marco de la Constitución de 1978 y siempre supeditado a los propios intereses nacionales.
Sin embargo, la formación convergent que domina cómodamente en el Parlament durante los años 80 y 90, difícilmente pasa del 32% en las elecciones al Congreso de los Diputados, en las que el PSC supera casi siempre la barrera del 35% y aporta entorno a una veintena de diputados a los socialistas españoles. Asimismo, el pujolismo tiene dificultades para penetrar en los grandes núcleos de población en las elecciones municipales de Catalunya durante esos años. Aparte de un cierto control de Tarragona de la mano de Joan Miquel Nadal en los años 90 y del breve mandato de Manel Oronich en Lleida, las grandes capitales de provincia son controladas durante más de dos décadas por los socialistas. A pesar de la gran implantación rural de los convergents, lo que les vale obtener grandes resultados en términos de concejales obtenidos, la distribución del voto socialista juega en su contra, ja que son éstos quienes dominan en las áreas urbanas y en los grandes núcleos de población, superando el millón de votos en elecciones municipales durante 20 años de manera ininterrumpida.
Lo que vemos, estudiando la historia electoral de Catalunya, durante los primeros 30 años desde la transición hasta los años 2010s, es una nueva versión de este oasis catalán sustentada en la convivencia democrática entre instituciones a distintos niveles entre convergents y socialistas. Una convivencia, a menudo marcada por las habituales tensiones electorales y políticas entre ambos grupos, que implica el desarrollo de ese estado autonómico en la forma de un autogobierno catalán bien construido, donde prima poner en valor las propias instituciones frente al ruido estatal. Un desarrollo que se puede ver reflejado en el grado de autonomía fiscal, legislativa y política que tiene Catalunya, en contraste, a menudo, con otras regiones de España.
Características comunes del oasis catalán
Si algo tienen en común estos tres periodos de oasis catalán en su historia es que vienen precedidos por tiempos convulsos. Hay una necesidad subyacente previa de calmar las aguas políticas en la región, un autoconocimiento de que lo que se está haciendo hasta ese momento no está dando resultados en el sentido del desarrollo nacional, ya sea por causas externas o por acciones propias. Hay, en cierto sentido, una voluntad social y popular de conducir y reconducir la situación, de reivindicar una forma de hacer propia basada en aspectos que, a priori, podrían parecer frases hechas, tópicos regionales y estereotipos pero que, sin embargo, pretenden definir una forma de hacer. La idea del "català treballador", de la "feina ben feta", del "bon govern", el frágil equilibrio entre "el seny i la rauxa", la ideología política del "peix al cove" y las ideas económicas de "la pela és la pela". Un conjunto de ideas que, si bien en ocasiones pueden proyectar una imagen del catalán como tacaño, serio, malhumorado o cerrado, encierran una forma de dirigir una sociedad dirigida al desarrollo económico, al progreso y al bienestar y el orden social como fin últimos del buen gobierno.
El oasis catalán en la actualidad
Con todo esto, podemos decir que, en esta ocasión, es la tormenta quien precede a la calma. Y una deducción lógica de todo este proceso es preguntarnos en qué punto se encuentra la sociedad catalana en este momento. Quien humildemente escribe este artículo llega a la conclusión de que, actualmente, la tormenta se ha ejemplificado en los años del procés independentista catalán, comprendidos entre 2012 y 2024. Una época que, quizás emulando la nomenclatura latinoamericana, ha venido a llamarse por algunos sectores como la década perdida de Catalunya. Una época que ha representado lo contrario de lo que se supone que es el tarannà català que hemos descrito. Una época en la que se han dejado a un lado las cuestiones que hasta ese momento habían resultado más importantes, en las que el debate público ha dejado fuera tanto a ideas como a personas. Una época cuyas causas, desarrollo y consecuencias seguro que tendremos ocasión de desarrollar en futuros artículos.
Y como es fácilmente deducible a tenor de la exposición que llevamos hecha hasta ahora, a esta tormenta le ha tenido que seguir inexorablemente la calma. Si tuviéramos que tomar un dato para ejemplificar esta transición, probablemente el mejor sería el de la participación en los procesos electorales de las elecciones catalanas desde 1980 hasta 2024. Mientras que en los primeros 30 años la participación electoral tiene una media del 59,81%, ésta se dispara en los siguientes 10 años hasta el 73,93%, llegando hasta un 79.09% en 2017, cifras que no se ven en los procesos anteriores en ningún caso. La relajación hasta el 51,29% de 2021, más consecuencia de la pandemia del COVID que de cualquier otro proceso político, y la vuelta al 55,31% de 2024 nos dan una imagen de este particular electrocardiograma político que indica la vuelta al oasis catalán.
El contraste es también evidente en la elección de las palabras. Del "ho tenim a tocar" al "Govern de tothom"; de la "jugada mestra" al "seny"; del "ni un pas enrere" al "unir i servir". También en la intensidad de la acción y la actualidad política. De años en los que Catalunya copaba las portadas sobre la actualidad política, a una aparición más discreta en la actualidad; de gobiernos y entidades dispuestos a hacer historia, a un protagonismo político más bien soso y aburrido; de un periodo saturado de épica y fechas clave, a una gestión del día a día. Es innegable que Catalunya ha transitado desde una especie de tormenta a una especie de oasis catalán, en el que el debate político catalán a vuelto a las instituciones y las ideas que le tocaban, en que la actualidad ha pasado a dedicarse a temas que anteriormente quedaban en un segundo plano.
El futuro del oasis y las consecuencias de su pasado
Vivimos en una nueva etapa del oasis catalán cuyas causas y futuras consecuencias habrá que analizar detenidamente. Seguro que tendremos oportunidad de hacerlo. ¿Estuvieron justificados los años de tormenta? ¿Dieron resultados positivos? ¿Realmente lo que vivimos actualmente es un oasis catalán o sólo un espejismo? ¿Cuánto durará? Son preguntas que nos planteamos cuando se cumplen cerca de dos años desde que entramos en esta nueva etapa de nuestra historia.
Es posible que estemos camino a recuperar el tan ansiado tarannà català que tanto hemos pregonado nosotros mismos. Cada cual es libre de valorar si esto es así, qué etapa de las que hemos descrito, y seguiremos analizando, prefiere, o si considera que obtendremos buenos resultados. Pero es innegable que Catalunya se encuentra en una nueva etapa de su historia en la que ha de hacer valer sus posibilidades como país (forma en la que nos dirigimos a nuestras instituciones). Sólo el paso del tiempo nos dirá si esto es así o si, de lo contrario volveremos a la tormenta.
Así que, y con esto les dejo en paz, acompáñennos en este futuro repaso, tanto del presente como del pasado, que haremos de la historia reciente de Catalunya, crucemos juntos este desierto en busca de las oportunidades de supervivencia que un eventual oasis nos puede brindar. No se olviden de su tarannà, y recuerden que en medio del desierto, no siempre tiene por qué haber un oasis.
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