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Palacio del Congreso de la Nación Argentina. Foto: Senado Argentino, Wikimedia Commons (dominio público).
Palacio del Congreso de la Nación Argentina. Foto: Senado Argentino, Wikimedia Commons (dominio público).

Opinión · Análisis regional

El péndulo permanente: el nuevo giro a la derecha y la marginación progresista en América Latina

El giro conservador reconfigura el mapa latinoamericano frente a un bloque autoritario cohesionado. La pregunta central ya no es qué tendencia gana, sino si las instituciones aguantan el pendulazo.

Por Felipe Daniel Barrientos4 de agosto de 20267 min de lectura

En el presente artículo se abordará el panorama político de América Latina que atraviesa una transformación profunda y acelerada con la reciente consolidación de gobiernos de una nueva derecha conservadora y neoliberal en lo económico evidenciando las últimas victorias de Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú pero con la incertidumbre de lo que pasará en Octubre cuando se celebren las elecciones presidenciales en Brasil que decidirá si terminará con el PT (Partido dos Trabalhadores) liderado por el actual presidente Lula Da Silva o si sigue la tendencia de inclinarse en la derecha en elegir como presidente a Flavio Bolsonaro (Hijo del ex presidente Jair Bolsonaro). Se suma la victoria de la derecha de comienzo de año de Laura Fernandez en Costa Rica a comienzos del presente año y la de los años anteriores como en 2025 con Kast en Chile, Noboa en Ecuador, Asfura en Honduras y la victoria de Rodrigo Paz en Bolivia. Más antes con el triunfo de José Raúl Mulino en Panamá en 2024 y las victorias de Javier Milei en Argentina y de Santiago Peña en Paraguay en el año 2023 que han ratificado el fin de la era progresista o de la marea rosa reflejada en el "Socialismo del Siglo XXI".

Sin embargo, el análisis geopolítico no debe limitarse únicamente a registrar la alternancia en las casas de gobierno, sino en centrar la atención en la reconfiguración del mapa de poder latinoamericano que por un lado muestra la marginación y fragmentación de los proyectos de los gobiernos de izquierda ante la primacía de la agenda de seguridad y por otro lado la supervivencia cruzada de las dictaduras que persisten en la región como la de Cuba liderada por Diaz Canel, Nicaragua liderada por Daniel Ortega y lo que ocurrirá con Venezuela que a pesar de la detención de Nicolás Maduro en Enero de 2026, sigue liderado momentáneamente por Delcy Rodríguez con una gobernabilidad y gobernanza excepcional y de transición coadministrada por la dependencia externa por parte de Estados Unidos.

El agotamiento del modelo progresista y la reconfiguración ideológica

El repliegue de la izquierda progresista en el tablero sudamericano y caribeño no responde a un evento concreto, sino al colapso simultáneo en sus dos fuertes críticos: la gestión socioeconómica y la seguridad pública.

Durante los últimos gobiernos de izquierda centraron su propuesta en la intervención estatal para corregir las desigualdades sociales y sus discursos chocaron contra las realidades complejas como la inflación descontrolada, desempleo formal estancado y el deterioro progresivo de los servicios básicos. Añadiendo a la erosión económica se le suma el avance del crimen organizado, narcotráfico y la violencia urbana. Ante el sentimiento generalizado de la indiferencia, las prioridades del electorado de los países de la región fueron cambiando drásticamente, provocando que la demanda de redistribución fue desplazada por la exigencia innegociable de orden, paz y seguridad.

Este contexto fue oportuno para las nuevas derechas en realizar ofertas políticas al electorado que se centra en el fortalecimiento de las fuerzas armadas y policiales, marcos regulatorios severos, citando como ejemplo el modelo que ha implementado Nayib Bukele en El Salvador desde 2022 y que sirvió como modelo a seguir por los gobiernos de derecha como propuesta en sus campañas presidenciales. Por otro lado, han implementado la reducción del gasto fiscal y un enfoque pragmático para la atracción de capitales que logró la captación de las mayorías populares y como resultado, los partidos de izquierda han quedado relegados al rol de oposiciones fragmentadas sin una narrativa clara capaz de competir contra las demandas de mano dura.

La dinámica de supervivencia de los gobiernos de izquierda y las dictaduras autoritarias

Mientras se produce la inclinación hacia la derecha a nivel regional, en la oposición del espectro político de la derecha se ha consolidado un núcleo autocrático inflexible integrado por las dictaduras de Nicaragua, Cuba y Venezuela (caracterizado como un autoritarismo reconfigurado). Lejos de actuar de forma aislada, estos regímenes han perfeccionado una red de cooperación mutua y soporte institucional para garantizar su permanencia en el poder a pesar del rechazo internacional. La arquitectura autoritaria funciona por tres pilares:

  • Sostén económico y financiero: Triangulación de recursos, comercio informal y esquemas financieros paralelos al sistema bancario global para lograr una inmunización parcial ante sanciones internacionales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea.
  • Inteligencia y coerción social: Intercambio de tecnología, formación militar y asesoría en ciber patrullaje para desarticular a la oposición interna y mantener el control mediante la sofocación del disenso político.
  • Blindaje diplomático: Acción coordinada de veto y solidaridad ideológica en organismos multilaterales como ONU (Organización de las Naciones Unidas), CELAC y foros regionales para diluir las condenas internacionales y neutralizar las cláusulas democráticas.

En cambio, las izquierdas democráticas que juegan un rol entre el pragmatismo y la incomodidad diplomática consolidan una izquierda institucional y democráticas como oposición a la derecha que se va consolidando, tales son los casos como los gobiernos liderados por Claudia Sheinbaum en México, Bernardo Arévalo en Guatemala, Yamandú Orsi en Uruguay y Lula da Silva en Brasil o los estados del Caribe anglófono y Sudamericano como Guyana y Surinam adoptan dinámicas complejas que oscilan al distanciamiento, la mediación y el pragmatismo:

  • La doctrina de no intervención y pragmatismo: Practicados por México y Brasil porque ambas son potencias regionales siguen principios del Derecho Internacional en sus respectivas políticas exteriores como la Doctrina Estrada y el pragmatismo universal frente a los conflictos globales. Porque estos gobiernos prefieren establecer "puentes de diálogo" antes que sumarse a sanciones o condenas tajantes. Esta postura les permite mantener influencia geopolítica en la región y evitar la fragmentación absoluta de espacios multilaterales como la CELAC.
  • El apego al institucionalismo y los Derechos Humanos: Este sería el caso de Uruguay que consolida la izquierda rioplatense y sectores progresistas del Cono Sur, la defensa de la democracia institucional como un principio innegociable. Al condenar a los gobiernos de Caracas o Managua de ser antidemocráticos y exigir el respeto estricto a las reglas electorales y Derechos Humanos, busca diferenciar explícitamente al progresismo institucional de las derivas autocráticas.
  • Dependencia pragmática y geopolítica regional: Aquí entran ciertos países del Caribe, Surinam, Guyana y Guatemala que tienen una postura de dependencia frente al bloque autoritario que responde fundamentalmente a factores de seguridad energética, contención de crisis migratorias, estabilidad fronteriza y atracción de inversiones. En estos casos, la neutralidad táctica o la prudencia diplomática se imponen sobre cualquier alineamiento ideológico.

La ambivalencia y la fragmentación de las izquierdas democráticas dificultan la construcción de un frente regional unificado ante los atropellos institucionales del bloque autoritario.

Polarización y gobernabilidad frente a la sombra geopolítica de Washington

El mapa político consolidado entre 2025-2026 evidencia una profunda polarización social; aunque los triunfos conservadores en Colombia y Perú marcan el rumbo ideológico de la región, los mandatarios electos asumen sus cargos en estrechos márgenes electorales. Esta falta de mayorías absolutas plantea severos desafíos para la gobernabilidad y la implementación de reformas de largo plazo.

En el plano internacional, este reordenamiento coincide con el protagonismo del MAGA (Make America Great Again), principio propio de la política exterior de Donald Trump. Los nuevos líderes conservadores buscan afianzar sus lazos estratégicos con Washington, apostando a que una alineación directa en materia de seguridad regional e inversión privada sirva como amortiguador frente a posibles restricciones comerciales o arancelarias.

Conclusión

América Latina se encuentra en un punto de inflexión donde convergen dos realidades contrapuestas, con una amplia franja democrática en constante oscilación pendular y un bloque autoritario altamente cohesionado y resistente al cambio.

La marginación actual de los proyectos de izquierda y la consolidación del conservadurismo demuestran que la ciudadanía prioriza la estabilidad y la seguridad sobre el discurso redistributivo. Sin embargo, si los nuevos gobiernos limitan su propuesta únicamente al control coercitivo sin atender a los problemas estructurales de la institucionalidad y la economía, la volatilidad electoral continúa siendo la norma. En última instancia, la solidez democrática no dependerá de la tendencia dominante sino de la capacidad real de las instituciones para garantizar el estado de derecho, la seguridad y el bienestar de la sociedad.


Bibliografía consultada

  • Almagro, L.; Zovatto, D. (2024). Democracia y gobernabilidad en América Latina: el fin del consenso deliberativo y el auge del voto castigo. Fondo de Cultura Económica.
  • Coronel, O. (2026). Vuelve el orden: el Fujimorismo 2.0 y la reconfiguración de la derecha packaging en el Perú. nuso.org
  • Mainwaring, S.; Pérez-Liñán, A. (2013). Democracia y régimen autoritario en América Latina: una teoría política del cambio. Fondo de Cultura Económica.
  • Schedler, A. (2015). La política del autoritarismo electoral. Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

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